Identidad profesional del tecnólogo

Una de las mayores preocupaciones existentes hoy es la adecuación de la educación a las exigencias del mundo contemporáneo.

Es una preocupación existente a todos los niveles; los gobiernos la viven en función de los planes de desarrollo que han fijado a su administración; los padres de familia, en función del futuro de sus hijos; y estos, en función de sus aptitudes, apetencias y del medio en que les corresponde vivir.

También las instituciones de educación superior buscan apasionadamente esta adecuación, y no siempre, precisamente, con toda la naturalidad y con toda la celeridad que fuera de desear.

En nuestro país, una de las alternativas que se han propuesto, y que se viene cumpliendo ya para intentar esa adecuación es la orientación de la educación superior por nuevos caminos.

Es ya un lugar común decir que los sistemas de educación superior no han evolucionado al mismo ritmo con que evoluciona el medio en el cual están y el mundo para el cual trabajan.

Una de las características del Centro de Investigación y Planeamiento Administrativo, CEIPA es precisamente esta búsqueda constante de renovación, esta inquietud permanente por dar una educación actualizada, por formar profesionales que respondan adecuadamente a las exigencias del mundo contemporáneo.

Por eso, precisamente, hemos elegido la educación tecnológica, porque vemos en ella una respuesta adecuada a la época en que vivimos.

En efecto, la educación tecnológica, por estar orientada más hacia el saber hacer, sin mengua del saber pensar, que es característico del nivel universitario, constituye una válida alternativa para la formación profesional de nuestro tiempo.

El tecnólogo es un profesional calificado para actuar con propiedad en el mundo del trabajo, tanto en el plano de la ejecución como en los niveles de la deliberación y de la toma de decisiones.

El tecnólogo es un profesional con su identidad profesional totalmente definida y de la cual emanan su autonomía y su idoneidad para actuar con independencia, propiedad y eficiencia dentro del área demarcada por su respectivo perfil ocupacional.

Es importante hacer claridad sobre esto, porque, en un medio como el colombiano, donde sólo ha existido el modelo tradicional de formación de profesionales impuesto por la universidad ancestral, la presencia de un nuevo modelo profesional, puede generar la creencia de que estamos frente a un tipo de profesional inferior.

Lo que es necesario distinguir con claridad meridiana es que aquello que es diferente, no necesariamente es inferior.

Esto se hace tanto más difícil de ver cuando se es consciente del carácter tradicionalista y poco creativo de nuestro pueblo.

Y si a ello agregamos el celo profesional de quienes, poseedores de su título universitario, que nuestro medio estratifica y es factor de promoción social, entonces, no nos extrañemos de que el tecnólogo sea infravalorado y de que inicialmente se den resistencias para vincularlo al mercado ocupacional profesional.

También hubo un escéptico sonreír cuando, hace relativamente pocos años, se dijo que los hombres cruzarían el espacio y viajarían por los aires; tampoco nos extrañe hoy que aún haya quienes esperan parados en las estaciones de los trenes a la cansada locomotora, que trepará jadeante y lenta las montañas, mientras sobres esas mismas estaciones y carrileras cruzan a velocidades vertiginosas quienes son conscientes de que hoy es posible alcanzar las mismas metas por caminos diferentes.

Lo anterior no significa que el tecnólogo equipare o supere al profesional que llamamos de carrera larga.

Significa simplemente, que, a la evolución del mundo del trabajo, que se ha enriquecido con el avance de los conocimientos, y que se ha diversificado con la aplicación de la tecnología moderna, es necesario responder hoy con nuevos modelos de profesionales que se adecúen a esa realidad; y esto no necesariamente determina ser inferior; justifica sí, ser diferentes.

Es profundamente significativo ver cómo las empresas empiezan a tocar esperanzadas las puertas de las instituciones de educación tecnológica; precisamente porque encuentran en ellas nuevas soluciones para nuevos problemas.

El CEIPA tiene que registrar con sincero orgullo el hecho de tener empleados la totalidad de los egresados del programa de Administración de Empresas.

Y de la promoción que hoy egresa, ayer -nada más- se le asignaba a uno de nuestros egresados un importante cargo en una de las refinerías petroleras de nuestro país.

Confiamos esperanzados que el programa de Comportamiento Industrial también registrará este fenómeno, una vez cumplidas las etapas de sensibilización y tecnificación por parte del sector empleador.

He querido hacer estas breves reflexiones sobre la educación tecnológica, con el fin de que quienes hoy egresan sean cada vez más conscientes de la identidad profesional que recibieron y que están llamados a proyectar en el ámbito ocupacional en que les corresponda actuar.

Al felicitar muy sinceramente a estos nuevos profesionales tecnólogos, en nombre del CEIPA que los formó, me complace ratificar la fe y la esperanza en los grandes servicios que ellos prestarán a nuestro país.

En vuestro ejercicio profesional, os deseamos muchos éxitos.

Antonio Mazo Mejía
Medellín, 16 de junio de 1977

Antonio Mazo Mejía - Fundador CEIPA
"Lo que es necesario distinguir con claridad meridiana es, que aquello que es diferente, no necesariamente es inferior".
Antonio Mazo Mejía - Fundador CEIPA
Antonio Mazo Mejía
Fundador CEIPA